La década llega a su fin con el rock articulándose con el nuevo pop global, un par de discos notables de jazz, una nueva escena de música electrónica y reediciones indispensables de dos artistas de culto. A continuación, los 20 mejores discos peruanos de 2019 por Francisco Melgar Wong.

 

  1. Fantasmas, Tourista. Pop rock.

Calificar al segundo álbum de Tourista de pop rock puede resultar engañoso, pero tiene sentido en un contexto en el que el pop global ha sufrido una de sus mayores mutaciones estilísticas. Con el reggaetón y el trap como nuevos centros gravitacionales, el rock no podía seguir apelando a viejos paradigmas para mantener su estatus de música moderna. Los integrantes de Tourista parecen haberse percatado de ello, pues Fantasmas deja atrás el backbeat rockero de las primeras producciones de la banda para hacerle un lugar al dembow y a las texturas del moombathon. El álbum también denota también el trueque de las letras sutiles y poéticas de Colores Paganos (2016) por un lenguaje más mordaz y directo, característico de la música urbana del momento. Junto con Terremoto de Turbopótamos, Fantasmas parece señalar la ruta que podría llevar al rock local a una necesaria renovación y evitar su ingreso en el rubro de música del recuerdo, retro, relevante sólo para unas contadas micro-escenas, pero sin mayor impacto comercial en el pop contemporáneo. Fantasmas es el sonido de la música rock que acepta el reinado del nuevo pop global y, con una flexibilidad ideológica inédita en una escena que sufre de dogmatismos crónicos, se atreve a señalar rutas posibles para el futuro del género.

 

  1. Synthexcess, Sajjra. Música experimental.

Una de las más recurrentes tensiones en la música peruana del siglo pasado fue la que surgió entre las tradiciones locales y las tendencias transnacionales. En la década del sesenta, académicos como César Bolaños y Edgar Valcárcel trataron de resolverla insertando motivos nacionales –un poema de Vallejo, la imagen de Túpac Amaru- en el contexto de la música concreta, corriente que en ese momento fue asumida por algunos académicos como un nuevo lenguaje universal, capaz de ser replicado en cualquier lugar del mundo siguiendo unas pocas reglas sintácticas. Bajo el nombre de Sajjra, Christian Galarreta ha vuelto a activar estas tensiones, apropiándose de ritmos y motivos de las fiestas de la sierra para situarlos en el contexto del rock experimental, la música industrial, la electrónica contemporánea y el noise. Lo que Galarreta está evidenciando en este disco –el tercero de una trilogía esencial- es que la discusión que aquejaba a los músicos académicos del siglo pasado –la creación de una música nacional en el marco de un lenguaje moderno y transnacional- no ha muerto, sino que ha sido trasladada –a través del lenguaje de la electrónica y el rock más experimental- al rubro de la música popular y los músicos amateur. Quizá el mayor antecedente de Galarreta sea Miguel Flores, quien a comienzos de los años ochenta –y también a través una experiencia previa en la música rock- buscó integrar ritmos y motivos andinos en un contexto experimental. La diferencia entre ambos radica en que Flores apelaba a un minimalismo de tecnología análoga, y Galarreta apela a una suerte de neobarroco basado en laptops y sintetizadores. El resultado es una música ampulosa, recargada, pero siempre subyugante y luminosa.

 

  1. Fortaleza, Ania Paz. Jazz.

En su séptimo álbum de estudio la pianista peruana Ania Paz se presenta como líder de un potente trio de jazz completado por el baterista Franco Alcázar y el bajista chileno Eduardo Peña. Técnica e intuición se combinan en esta placa para matizar el lenguaje cosmopolita del jazz moderno con ritmos y timbres latinos, así como por melodías memorables y, en ocasiones, reminiscentes del cancionero hispanoamericano: ¿no es acaso el perfil melódico de “Chabuca limeña” el que uno escucha en “Superposiciones”? En cualquier caso, la inteligencia y sensibilidad musical que Paz despliega en esta placa –uno de sus picos como compositora, intérprete y líder de banda- convierten a Fortaleza en uno de los discos imprescindibles del 2019.

 

  1. Hechicero, Cotito. Música afroperuana.

El segundo lanzamiento de la colección Perspectives of Afro-Peruvian Music de Buh Recrods es un moderno y estilizado recorrido por diversos hitos de la música afroperuana en manos del reconocido percusionista Juan Medrano Cotito. Haciéndole honor al título del disco –y a una vertiente mística de la música afroperuana que va desde Julio ‘Chocolate’ Algendones hasta Victoria Santa Cruz- Cotito asume el toque del cajón, la quijada y la cajita como un ritual, que es utilizado, en este caso, para convocar y homenajear a los maestros de la percusión afroperuana. Cotito también revisa y recrea algunos de los patrones rítmicos, danzas y temas centrales del género, como el festejo, la zamacueca, el tondero y el son de los diablos. Al hacerlo, logra reunir en un mismo plano estético a distintas épocas y figuras de la música afroperuana, para que, juntas, recobren renovada vida en el presente. Considérenlo un acto de magia.

 

  1. Barranquino, Andrés Prado Trio. Jazz fusión.

Con un conocimiento profundo del jazz, el flamenco, el tango y la música peruana en toda su diversidad, Andrés Prado es, quizás, el guitarrista local más versátil y sensible de los últimos veinte años. En Chinchano, un álbum magistral lanzado en 2003, lució ampliamente estas cualidades, acompañado nada menos que por el desaparecido Julio ‘Chocolate’ Algendones en el cajón. Este año Prado volvió a echar mano de todos sus recursos técnicos y estilísticos, pero ya no en el marco de la música afroperuana -guitarra y cajón, como diría Nicomedes- sino en el del jazz, al grabar en formato de trío acompañado por Hugo Alcázar en la batería y Omar Rojas en el bajo eléctrico. El resultado es sorprendente tanto por el dominio que cada músico ejerce sobre su instrumento como por la sincronía que exhiben en el manejo de las modulaciones e intensidades en conjunto. Alta musicalidad en todo su esplendor.

 

  1. Lorca: Lost tapes (1989-1991), Miguel Flores. Música experimental.

Si bien César Bolaños ha terminado convirtiéndose en el referente de los músicos experimentales peruanos de los últimos veinte años, Miguel Flores tiene tantas o más razones para ser considerado un tótem por la nueva generación de artistas sonoros. Curtido como baterista en una de las bandas de rock más pesadas de los años setenta, Flores fue uno de los primeros músicos peruanos en trasladar las tensiones entre lo tradicional y lo cosmopolita -trabajadas por los músicos académicos de los años cincuenta y sesenta- al territorio de lo popular y lo amateur. Su disco Primitivo, grabado en 1981 y editado por Buh Records en 2015, incluyó piezas basadas en motivos folklóricos pero tratadas por Flores con técnicas asociadas con las vanguardias de la época, trazando un arco de influencia que puede llevarnos hasta artistas contemporáneos como Christian Galarreta y su proyecto Sajjra. En Lorca: Lost tapes (1989-1991), también editado por Buh Records, Flores abre sus horizontes creativos a la música global, al flamenco y a la música del norte de África, aunque trabajando, nuevamente, en el contexto de la música de vanguardia. Las piezas, grabadas por Flores para dos obras de teatro, nos presentan a un músico en completo dominio de sus facultades, sintetizando de forma lírica y experimental las músicas de distintas tradiciones locales del globo con un minucioso trabajo en cintas magnetofónicas y las sonoridades de la música electrónica. Al hacerlo, Flores traslada el debate entre lo tradicional y lo cosmopolita del ámbito de lo meramente nacional al territorio de lo global. Se trata de una idea que merece escucharse con atención.

 

  1. You She Me. Yushimi. Indie rock.

Las letras en inglés pueden ser una barrera inicial, pero la forma en que la voz de Yushimi se escurre entre los beats electrónicos y las enormes tríadas de piano sobre las que se construye “Persimon” debería bastar para percatarnos que estamos frente a una artista del sonido explorando sin censura sus propios sentimientos y los diversos modos en que el mundo los moldea. Y este es sólo el primer track. El álbum –lanzado el 31 de diciembre del 2018- también trae canciones despojadas, construidas sobre guitarras acústicas y sólidos bajos minimalistas, donde la cantante fantasea paseos nocturnos al lado de su oscuro objeto del deseo, o diálogos imaginarios con muchachos divertidos pero estúpidos, elaborados sobre grabaciones de aves o texturas electrónicas, o baladas armadas al estilo clásico -sobre pianos y violines- para que Yushimi pueda llevarse a la boca una palabra y apretarla hasta exprimirle todas sus posibilidades semánticas. En el fondo You She Me es un álbum de una cantautora deconstruyendo la noción de lo que entendemos tradicionalmente por cantautora, en el que cualquier herramienta, electrónica o acústica, análoga o digital, natural o artificial, sirve para liberar de forma irrestricta el potencial de una inagotable imaginación musical.

 

  1. Lo que no existe, existe, Salón Dadá/Col Corazón. Postpunk.

Entre 1986 y 1990 Támira Bassallo y Jaime de la Lama lideraron Salón Dadá y Col Corazón, dos bandas limeñas de postpunk que transitaron la escena subterránea sin dejar ninguna grabación oficial. Desde entonces –a partir de canciones recogidas en ensayos y conciertos, y del recuerdo de quienes asistieron a sus presentaciones- se empezó a gestar un culto alrededor de ambas agrupaciones, las cuales –gracias a sus ritmos trepidantes y geométricos, letras abstractas y texturas generadas a partir de un arsenal de pedales de guitarras- fueron tomadas como un modelo de rock artístico de baja fidelidad por bandas locales de shoegaze, indie, noise y rock experimental. En medio de gran expectativa, el sello Buh Records lanzó este recopilatorio con canciones grabadas en ensayos y conciertos realizados entre 1986 y 1990, el cual se convirtió en el primer documento oficial de sus discografías. Si bien trae canciones memorables –“Lista Ele” sugiere lo que podría haber ocurrido si The Cure grababa una canción con las vocalistas de The B-52’s- la placa no deja de ser una recopilación de fragmentos sin una intención original de unidad. A pesar de ello, tal como ocurre con las esculturas mutiladas que los arqueólogos encuentran en sus expediciones al pasado, aquí hay suficientes ideas musicales como para intuir la poderosa e influyente visión estética que dirigió la fugaz existencia de Col Corazón y Salón Dadá, dos bandas que, hasta el día de hoy, sirven de inspiración a distintas agrupaciones locales de noise, postpunk y rock experimental.

 

  1. De la tierra al sol, Danitse. Indie folk.

Siete años después del lanzamiento de su disco debut, Danitse vuelve con una placa que pone en entredicho los presupuestos del indie folk local. En lugar del delicado optimismo conyugal de Alejandro y María Laura o del portentoso arte nacional bajo el que busca inscribirse La Lá, De la tierra al sol trae oscuras meditaciones sobre erotismo y desamor enmarcadas por arreglos sencillos y minimalistas. Contra lo que podría esperarse, este austero pesimismo es el ecosistema adecuado para que la propuesta de Danitse prospere y la establezca, finalmente, como una de las cantautoras peruanas más destacadas del momento.

 

  1. Irreversible, Irreversible. Postpunk.

Irreversible, el dúo integrado por Manuel Krause y el ex Cocaína Ignacio Briceño, debutó el 2019 con este álbum donde las atmósferas sombrías –construidas sobre loops y guitarras minuciosamente procesadas- se matizan con voces desapegadas, opacas y sibilinas, que, tomadas en conjunto, generan un escenario delicuescente en el que se presiente un apocalipsis social inminente, casi como si Iggy Pop y David Bowie no hubieran grabado The Idiot en el Berlín de los años setenta, sino en la caótica Lima de los ochenta, en pleno toque de queda, mientras las torres de alta tensión son derribadas en los cerros que rodean a la urbe. “En este país cerdo, el que hemos desahuciado, soy dueño de la calle, soy dueño de los diarios, en mi latifundio no hay lugar al bienestar”, canta Krause sobre un blues desencajado e irónico. Siguiendo el sendero señalado por Narcosis y Salón Dadá, Irreversible es rock and roll conducido por aventureros sónicos que marchan entre calles desoladas en busca de marginales y desadaptados. ¿No es esto lo que esperamos de un postpunk a la peruana?

 

  1. Albatros, Mundaka. Rock.

Con un estilo claramente influido por la vertiente más global del rock moderno de los años ochenta el segundo álbum del grupo Mundaka presenta una cuajada síntesis de rock, jazz, reggae y ska que habría sido objeto de rotación permanente en varias radios locales si todavía viviésemos en 1989. Las más notorias diferencias entre Mundaka y sus predecesores –entre los que podrían contarse tanto artistas de culto como Miki González como bandas de pop chatarra como Nosequién y los Nosecuantos- radican en la enunciación relajada y distante de su vocalista, las letras opacas alejadas de cualquier costumbrismo, la virtuosa interacción entre la sección rítmica de la banda y las rebuscadas armonías que le otorgan un acabado impresionista a las canciones. Hace mucho que una banda de rock que se postula como potencialmente radiable –una canción llega a incluir un guiño a los locutores de radio de hace treinta años- no sonaba con la sofisticación musical y la sobriedad lírica que encontramos en Albatros.

 

  1. Zenit & Nadir, Dengue Dengue Dengue. Música electrónica.

Desde el lanzamiento de su primer álbum, La Alianza Profana (2012), Dengue Dengue Dengue se abocó a la articulación de géneros locales con las más recientes tendencias transnacionales de la música electrónica. En su disco más reciente, Zenit y Nadir, este dúo de peruanos afincados en Berlín deja atrás los elementos de cumbia que uno encontraba en sus primeras producciones, para hacerle un lugar a ritmos afroperuanos. En tracks como “Ágni”, “Decajón” y “Guayabo” escuchamos contornos melódicos y patrones rítmicos del festejo situados en un contexto post dubstep -los ritmos sincopados de la música afroperuana son perfectos para esta forma de hibridación- sugiriendo un posible ingreso de las raíces musicales peruanas al universo del afrofuturismo.

 

  1. Al espacio, Diego Trip. R&B.

En una escena poco acostumbrada –por no decir cerrada- a proyectos musicales afines al R&B, el álbum debut de Diego Trip trae una humareda de hedonismo más que bienvenida. En esta placa sensaciones, libaciones y adicciones son tratadas con curvilíneas frases de bajo, crocantes patrones rítmicos y sensuales susurros vocales que las hacen parecer una sugerente y, por qué no, posible forma de vida. Resulta sorprendente que en su primer larga duración Diego Trip ya tenga su estética completamente resuelta y lograda. El aroma de estas seductoras flores del mal hacen que la libertad enarbolada por el rock suene tímida y conservadora, ¿o no es así, hipócrita lector? Puntos extra por “Mis pupilas” y el contorno melódico tomado de “Lanza Perfume” de Rita Lee.

 

  1. Surge Evelia, Surge, Parahelio. Post rock.

Un álbum de casi una hora de duración con sólo tres canciones instrumentales que, en el momento adecuado del día, puede escucharse de principio a fin sin mostrar síntomas de aburrimiento, Surge Evelia, Surge trae líneas minimalistas de guitarras, un denso tejido de texturas como telón de fondo y una sección rítmica que sabe virar de lo sólido a lo etéreo si la música lo requiere. El resultado es un modelo de post rock que apela a la síntesis de varios estilos marginales al mainstream: la psicodelia eléctrica del shoegaze, las dinámicas del jazz de los años setenta, los arpegios góticos del heavy metal y el krautrock más volátil y planeador. Todo ejecutado con un inmejorable sentido de destilación para que ningún ingrediente musical innecesario se escabulla entre las rendijas del bon goût.

 

  1. 22/09/1953. Zetangas. Rock experimental.

Desde finales del siglo pasado, ya sea como guitarrista de Electro-Z o Rayobac, o como artista solista o fabricante de osciladores hechos en casa, Carlos García, más conocido en la escena local como Zetangas, inauguró y formó parte de una escena rockera dedicada a la experimentación con la electrónica, dedicada a subvertir y ampliar el abanico sonoro del rock con nuevas texturas, atmósferas y sonoridades de diversa procedencia. Su disco más reciente, 22/09/1953, nos muestra a Zetangas manipulando pedales, osciladores y efectos para crear algunas de las piezas más sublimes y plácidas de toda su discografía.

 

  1. Nueva Ola Pe-Mx. VV.AA. Música electrónica.

Los últimos cinco años han visto el surgimiento de un nuevo pop global basado en géneros urbanos como el trap y el reggaetón, el cual, visto con objetividad, no es sino una nueva música electrónica de baile. En este contexto aparece Matraca, sello local alrededor del cual se ha generado una escena de música electrónica completamente diferente a la que desde hace diez años integra a músicos electroacústicos, electrónicos experimentales y rockeros noise. Si estos son movilizados por una inclinación a lo que podríamos llamar “lo sónico”, los artistas vinculados a Matraca privilegiarn una música electrónica vinculada al nuevo pop global y se inclinan por lo que podríamos llamar “los beats”. Este recopilatorio de artistas vinculados al sello –peruanos y mexicanos- es una inmejorable puerta de entrada al universo electrónico que gira alrededor de este sello.

 

  1. Esperanza. Dr. Paniko. Cumbia digital.

Dr. Paniko articula los sonidos transnacionales de la electrónica con el dub y un ancestralismo local imaginario para crear una música de club aletargada y narcótica. Podemos escuchar Esperanza como un disco de cumbia digital, pero si Holger Czukay siguiera vivo podría encontrar aquí una clave para retomar los preceptos que guiaron a Can y reciclarlos como el sonido de la nueva aldea global que siempre estuvo en el horizonte de los cinco de Colonia.

 

  1. Residencia en la tierra, Artaud. Post rock.

Psicodelia y spoken word. Coloca un ácido en tu lengua, cierra los ojos e imagina que es 1968 y el rock domina el mundo.

 

  1. Ancestro. Ancestro. Stoner rock.

La escena de música experimental que se generó a inicios de este siglo bajo la triple égida de la música electroacústica, la electrónica y el noise puede entenderse como una unidad desde la perspectiva de lo sónico como un horizonte común. Curiosamente, en sus antípodas estéticas, donde la sofisticación artística y el desdén por el virtuosismo instrumental tradicional no son ley, se ha venido desarrollando otra escena, la del stoner rock, donde lo sónico –como un muro de sonido- también es una idea central, pero, a diferencia de su némesis experimental, es regido por los preceptos del metal, donde la agresividad muscular y el virtuosismo como una condición cuasi atlética de los músicos son claves para su desarrollo. La banda trujillana Ancestro debe ser la más emblemática agrupación de stoner rock en surgir en el Perú, y su disco más reciente los encuentra en el ápex de su poderío.

 

  1. The Warrior Women of Afroperuvian music. VV.AA. World music.

Esta selección de música afroperuana revestida de sonoridades anglosajonas ligadas al R&B y al jazz más pulcro y profesional se presenta como la versión más reciente de world music planificada por productores locales con una visión global. Los clichés de las letras se pueden perdonar por la majestuosa ejecución instrumental sobre la que se han edificado estas canciones.