Escribe: Oscar Bermeo Ocaña

En 1979, un joven Daniel Valdivia pausó su timidez y salió a la calle a compartir sus canciones. Con guitarra en mano se plantó en los jardines y canchitas de fulbito de la Unidad Vecinal N°3. “Hasta ahora hay gente en mi barrio que se acuerda de esos episodios. Cuando me veían cantar solito y de pronto se acercaban tres o cuatro personas”, menciona el F.

El almanaque indica que este 4 de enero aquel cantautor callejero cumple 60 años. En las últimas cuatro décadas, no pocos curiosos se acercaron a escuchar sus temas. Aunque Daniel asegura transitar entre la indiferencia de unos y el reconocimiento de otros. Podría decirse que es una especie de ‘desconocido conocido’. “Tengo la bendición del anonimato. No soy famoso”, refiere.

La debilidad por los números redondos nos lleva a repasar hoy su peregrinaje musical. En cualquier revisión histórica del rock local sería difícil excluirlo.

Llegas a los 60, simbólicamente el umbral de la tercera edad ¿cómo te sientes?

Bueno, los tipos de 60 de hoy no se ven como los tipos de 60 de hace 40 años. No me causa ninguna curiosidad ni extrañeza la edad. Cuando cumplí 40 me sentí un poco antiguo, de pronto cumplí 50 y ya no era nada extraño.

Algunas veces los artistas proyectan menor edad…

También es eso, el dinamismo con el que encares el tiempo. Sobre todo, la salud. He corrido con la suerte de no padecer alguna cosa irremediable. Lo más bravo que medio ha sido rubiola, sarampión. Aparte que hago gimnasio, tengo una dieta tranquila, no he tenido excesos, cero drogas, alcohol, amanecidas.

Y sigues vigente. En este último año tan particular te adaptaste a los streaming

Hemos corrido con esa gran ventura, de pronto teníamos mucho movimiento en un momento que pensábamos que no iba a haber nada. A mi edad menos que iba a salir a buscar otra chamba. Uno pensaba que se venía el mundo abajo. Fueron los fans quienes nos dieron miles de manos. Eso lo agradezco tremendamente.

Fue un año duro para el rubro musical

Vi a mis amigos, colegas, de pronto aventurarse en otros terrenos. Me pareció loquísimo que de pronto estén haciendo otro tipo de chamba, muy alejado de la música.

¿Eso no habla de la fragilidad de esta profesión?

Sí, exacto. Por eso vaticino que, cuando se pueda salir, los grupos la van a romper, porque se han dado cuenta lo precario que es el terreno donde estamos. Van a hacer el mejor trabajo del mundo. Nos vamos a esforzar en cuanto a los arreglos, presentaciones. Ya nos dimos cuenta que el mundo nos puede borrar sin más ni más.

¿A nivel emocional cómo lo transitaste?

En el terreno personal, recién en estos últimos dos meses comencé a sentir una angustia. Soy de los tipos que no salieron para nada. Salí en mayo por una consulta odontológica. De ahí volví al encierro. Como siempre fui un tipo que no sale mucho, lo tomé tranquilo, aguanté las malas noticias. En noviembre comenzó esta cosa que te oprime. Hubo varios amigos que dejaron obsequios en el condominio, salía al balcón y los saludaba. Me cargaba de una angustia terrible no poder abrazarlos.

“Memorias” , la canción autobiográfica de Daniel F, se publicó en 2002. Ahora alista un libro.

¿Tenías claro de adolescente que te ibas a dedicar a la música?

No pues, en el Perú, que alguien de una familia de clase obrera llegue a ser partícipe de un circuito de rock es una idea bastante irreal, lejana. Nunca me hice ilusiones. Será más bien por eso que comencé tarde. No inicié joven. Cuando arranqué con Leusemia tenía 23 años, no era un adolescente. La ilusión de pertenecer a algún grupo de rock sí estaba desde chico. Pero como cualquiera que se imagina estar en un equipo de futbol o ser astronauta. En el fondo sabes que es bastante irreal.

En los últimos años el rock subterráneo, el contexto donde aparece Leusemia, se validó como objeto de estudio. Cuarenta años después ¿cómo percibes ese fenómeno del que formaste parte?

Hasta la llegada del rock subterráneo la escena local era bastante homogénea. Más allá de ponerle más nervio, calle y músculo, los ‘subtes’ le dieron amplitud sonora, agregándole factores que no eran muy habituales como la sorpresa o la expectativa. Nadie estaba seguro de lo que iba a pasar en un concierto subte. La llamada música comercial hecha en el Perú no satisfacía a los más rudos, a los más curiosos, quienes preferían el heavy metal, punk o rock subte. Es curioso, ahora, hasta pareciera que la escena comercial ha desaparecido para la historia, cuando la gente escribe libros sobre el rock les da un espacio fuerte a los subtes.

¿Tu propuesta sigue siendo subterránea?

Es que subterráneo no es un color musical, es una ubicación frente a los tentáculos de la industria y frente a eso, hay un millón de grupos que técnicamente son subterráneos. No están en los medios de comunicación, no forman parte del mainstream.

Bueno, digamos que la mayor parte del rock peruano pasa por eso

Sí, digamos que sí. Hemos vuelto a los días previos al boom del pop local en los 80s, cuando a todos les llamaban subterráneos, a Frágil, Miki González, cuando nadie los conocía. Hasta que lo subterráneo pasó a ser un nombre propio de un sector de la música. Por mi lado sigo desenvolviéndome por los mismos conductos que antes. El sueño de la autogestión lo he llevado a cabo completamente, no necesito de empresas, ni radios ni medios. No suelo buscarlos.

Pese a que ciertos ‘subtes’ dijeron en algún momento que Daniel F se había vuelto comercial, que se vendió al mercado

Eso no tiene asidero. Es lo que siempre se dice de aquellos que tienen un reconocimiento más allá de las fronteras. Eso lo he tomado como algo que se dice sin pensar, de broma. Es absurdo. La música que hago está bastante lejos de ser comercial. Mis discos están bastante ajenos a pretender ser comercial.

¿No apuntas a la masividad?

Lo masivo es el resultado de algo que hayas presentado. Pink Floyd saca un disco “The Dark Side of The Moon” sin pretender masividad y de pronto vende trillones de discos, se vuelve lo más masivo. Y es una música ajena a las modas y requerimientos de la industria. Lo masivo no es necesariamente lo comercial, sino lo que tiene una mayor respuesta.

¿Qué te dejó el rock subterráneo?

Uno aprende de todo. Todo eso es parte de tu crecimiento, trayectoria. Antes, a mí me llegaban los primeros discos. Siempre hablé mal del disco del 85 (de Leusemia) por el sonido, las condiciones en que se grabó. Pero con el tiempo me he reconciliado con ese trabajo y con el “A la mierda lo demás” que suena espantoso. Han sido parte de mi crecimiento y uno de los factores por los cuales tengo ahora una carrera, una trayectoria, una vida alrededor de la música.

Leusemia no publica álbum de estudio desde el 2004 y en los últimos años has estado mucho más activo como solista. ¿Leusemia como banda todavía existe?

Tiene múltiples resurrecciones. Así se dio a través de la historia. Cada disco de Leusemia tiene diferentes músicos. Nunca hubo la misma formación. El único invariable he sido yo. El momento actual sería igual. Cuando empezamos a trabajar con Charlie Parra, Joan Cachay, Jonathan Saavedra, la gente que la conforma ahorita, sólo pensábamos tocar las canciones antiguas, alguna inédita y nada más. Con el tiempo hemos hecho material nuevo y lo hemos comenzado a tocar en los conciertos. Es material reciente. Lo que comenzó como un proyecto de mantener el nombre se convirtió en un proyecto serio que podría regresar el 2021 con un material propio, total y nuevo.

¿Un nuevo disco?

Está la posibilidad. El último disco como Leusemia es del 2004. Igual dejé de grabar por una cuestión económica. Salían muy costosos hacer discos. Componía las canciones, las arreglaba y tocábamos en conciertos. No tenía visión de hacer discos. Vamos a tener que hacerlo. Este año vamos a presentar disco con mi nombre y Leusemia. Intentar hacer los mejores discos de mi vida en la post pandemia.

Daniel F posa con la versión en vinilo de “A la mierda lo demás” (1995), el segundo disco de Leusemia. Foto: Oscar Bermeo

Al arrancar los 2000 se mezclaron muchas propuestas radiales con otras menos convencionales. A algunos les chocó verte en carteles con artistas que sonaban en radios

Sí, pero también estaba el otro sector que se alegraba que esté al lado de estas personalidades. Es un reconocimiento al trabajo. Ya no es que un tipo de música se mantenga en el anonimato, sino que es reconocido de tal forma que puede compartir el cartel con los consagrados a nivel nacional. Para mí era fantástico. Es algo que siempre defendí. Desde el primer concierto que organizamos en 1984, cuando seleccioné a las bandas. Puse una banda de música comercial, a Ergo, a Masacre, a Narcosis y a un grupo de reggae y nosotros. Era una amalgama, abanico bastante amplio. Siempre me ha gustado ese tipo de conjuras. Para un radical, con rollo idiota, es incongruente que en un festival haya rock, cumbia, salsa. Para mí sólo faltaría que incluyan folclor. Ahí sí va estar representado nuestro país con todos los colores.

A propósito de representación, ¿llegaste a ver la serie documental “Rompan Todo”?

No, la veré en estos días. Por lo que he leído y escuchado, me parece que está bien. La participación de Perú más bien me sorprende porque usualmente no nos incluyen. Seguro se recopiló datos de bandas que hayan trascendido más allá de sus fronteras, que hayan significado influencia o un punto referencial para toda Latinoamérica. Y fuera de EEUU, Inglaterra, los pocos referentes claros que tenemos en Latinoamérica son México, Argentina, Brasil, Uruguay, Chile y hasta Colombia. De pronto aparece Perú, para mí fue una grata sorpresa que nos incluyan, aunque sea un ratito.

Ya no en Latinoamérica, ¿qué lugar ocupa el rock en el consumo cultural peruano?

El rock nunca ha sido un género popular. Siempre ha sido una corriente bastante minoritaria. Eso es fácil de comprobar. Lo más fuerte siempre va ser lo tropical, el folclore, la balada. El reggaetón está por encima de todo. El rock tiene su sitio. Para las próximas temporadas va levantar la cabeza de alguna forma. Habrá buenas noticias.

Tocaste durante varios años el cover de “Demolición”, antes de las diversas reivindicaciones públicas de Los Saicos. Con “Rompan Todo” se retomó este enunciado de que el punk nació en el Perú. ¿qué comentarios te suscita esta postura?

No resiste ningún análisis. Cualquier corriente en el mundo forma parte de un proceso. Para que algo se concrete de alguna forma tiene que haber un proceso, y todo este proceso no se inicia en el Perú, es absurdo. Esto comienza en otros lugares con muchas propuestas musicales, pero sí es cierto que si Los Saicos hubiesen sido ingleses o alemanes hubieran obtenido un buen lugar dentro del reconocimiento histórico.

Me parece lindo que los hayan mencionado en la serie, pero hubiera sido más bacán que estos reconocimientos pudieran haberlos disfrutado los cuatro integrantes. Me apena que el ‘Chino’ Carpio, autor de muchas canciones, haya muerto antes de recibir todos estos homenajes. En lo personal me aflige que no esté Pancho Guevara, era un tipo de gran corazón.

Una vez se apareció en uno de mis conciertos con su esposa, tuvo frases muy amables. También estuvo en la presentación de mi cuarto libro “Por las olvidadas raíces del punk rock”, ese que justamente desbarata el absurdo mito que acá se inventó el punk rock. Pancho estaba ahí y se reía de todo eso.

¿Los Saicos estuvieron dentro de tus influencias musicales?

No, recién los descubrí en los 80. Uno conocía “Demolición”, que es un gogó lento, que no sé por qué lo ponen como canción punk cuando no lo es. Ellos lo tomaban como una canción en broma. Según sus entrevistas la grabaron por insistencia de sus productores. No hubo ninguna influencia. El legado de Los Saicos quedó ahí. Se desarmaron y no pasó nada. No salieron nuevos grupos imitando su sonido, nada.

¿Por qué varios rockeros peruanos que salieron en los 80 no tuvieron como influencias a propuestas locales?

Es que la escena nacional estaba olvidada. No había reediciones de discos, no había continuidad en la historia. En los últimos años gracias a todas estas gentes que les gusta escarbar en la prehistoria del rock local, es que se ha redescubierto y revitalizado a un montón de bandas de los 50, 60 o más recientes como Traffic Sound, Laghonia.

¿Cuándo lanzas el libro de tus memorias?

Tenía que haber salido este año. Vamos a tener que sacarlo el 2021 si es que la nueva cepa lo permite. Es una autobiografía, es la historia que corre por el costado de la historia que ya más o menos se conoce. No hablo de conciertos, ni de nuestros periplos por el mundo, sino cuenta de las cosas que ocurrían mientras todo esto sucedía. Mientras tocaba y hacía discos, algo estaba pasando. Son historias paralelas, pequeños relatos, anécdotas. Va abarcar desde antes de la vida musical. Ya había cerrado el libro, he tenido que aumentar las vivencias dentro del encierro, la pandemia.